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"Estoy muy joven para un infarto" (#03)

by Diego Araiza MD
Jul 28, 2026
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Tu corazón, al día

"Estoy muy joven para un infarto" — la frase que más me preocupa

Hay una frase que escucho todo el tiempo, y que me quita el sueño precisamente porque suena tan razonable: "doctor, pero yo estoy muy joven para eso". La entiendo. El infarto tiene fama de ser cosa de los abuelos. Pero en el consultorio veo, cada vez con más frecuencia, a personas de 40, de 45, a veces menos, que llegan —o que llegaron demasiado tarde— con el corazón dañado.

No te escribo esto para asustarte, sino para lo contrario: porque casi todo lo que empuja un infarto a esa edad se puede ver venir y se puede reducir, si sabes hacia dónde mirar. El problema no es que seas joven. El problema es creer que la juventud te vuelve intocable, bajar la guardia, y no revisar lo que sí importa.

Hoy quiero contarte, con datos reales, qué está pasando con los infartos en gente joven, qué los dispara, y —lo más importante— cómo reconocer una alarma y qué hacer con ella.


1. La foto real: no es tan raro como crees

Empecemos por lo más incómodo. Cuando se siguió durante veinte años a comunidades enteras, se vio que la proporción de infartos que ocurren en gente joven (35 a 54 años) creció: pasó de ser 1 de cada 4 infartos a ser cerca de 1 de cada 3. Y el dato que más me marca: en las mujeres jóvenes el aumento fue mayor que en los hombres. El infarto dejó de ser, hace rato, "cosa de señores mayores".

Quiero ser honesto contigo, porque este newsletter se trata de datos y no de titulares alarmistas: eso no significa que "los infartos en jóvenes se dispararon" en números totales. Lo que sí es sólido, y preocupante, es que una tajada cada vez más grande de los infartos les toca a personas jóvenes —sobre todo mujeres— y que en ese grupo el problema no está mejorando al ritmo que sí mejora en los mayores.

Y aquí en México el corazón no es un tema menor: las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte del país, y los infartos son, por mucho, la principal dentro de ellas. Con dos de cada tres adultos mexicanos con sobrepeso u obesidad y casi uno de cada cinco con diabetes, el terreno está, tristemente, bien abonado.

Mito: "Yo me cuido / estoy joven, no estoy en riesgo." Realidad: En un estudio de personas de 18 a 55 años que ya habían tenido un infarto, solo la mitad se consideraba en riesgo antes de que ocurriera. La mayoría tenía factores de riesgo... y no lo sabía. La sensación de invulnerabilidad es, justamente, el riesgo.


2. Qué está disparando esos infartos jóvenes

La buena noticia escondida en este tema es que la mayoría de los culpables son modificables. Los que más pesan, con evidencia sólida:

  • Fumar (y aquí no hago excepciones). Es el factor más frecuente en los infartos de gente joven. Si hay una sola cosa de esta lista que puedas cambiar hoy, es esta.
  • Presión alta sin diagnosticar. Entre los jóvenes que infartan, la hipertensión es cada vez más común, y lo grave es que casi no da síntomas: mucha gente la trae por años sin saberlo.
  • Azúcar y peso. Diabetes, prediabetes y obesidad abdominal preparan el terreno años antes del evento. En jóvenes con infarto, la diabetes es cada vez más frecuente.
  • Cocaína y otros estimulantes. No es un tema de moralina: la cocaína puede provocar un infarto incluso en una arteria "sana", y empeora el pronóstico. Los energéticos en exceso también pueden ser un desencadenante en personas susceptibles, aunque ahí la evidencia es más débil.

Y hay dos culpables que no se ven a simple vista, y que por eso me importan especialmente:

  • La herencia. Si tu papá, tu mamá o tus hermanos tuvieron un infarto joven, tu riesgo sube. No es destino, pero es una señal para revisarte antes y mejor.
  • Un colesterol "oculto" llamado Lp(a). Es genético, lo tiene aproximadamente 1 de cada 5 personas, no aparece en el análisis de colesterol de siempre, y es una causa importante de infartos a edad temprana. Le voy a dedicar el próximo número completo, porque se lo merece.

En las mujeres jóvenes hay además una causa particular —una especie de "desgarro" espontáneo de la arteria del corazón, más frecuente alrededor del embarazo— que no tiene nada que ver con el colesterol y que muchas veces se pasa por alto. Otra razón para no asumir que "esto no me toca".


3. Las señales que no debes ignorar (y qué hacer en el momento)

Si de todo este número te llevas una sola sección, que sea esta. Un infarto típico se siente así:

  • Molestia en el centro del pecho: presión, opresión, "un peso" o llenura, que dura más de unos minutos o que va y viene. No siempre es un dolor agudo; muchas veces es una molestia sorda.
  • Molestia que se corre a uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la boca del estómago.
  • Falta de aire, con o sin molestia en el pecho.
  • Sudor frío, náusea, mareo o un cansancio extraño y repentino.

Un punto crítico, sobre todo para las mujeres: los síntomas pueden ser menos "de película". En lugar del clásico dolor aplastante de pecho, puede predominar la falta de aire, la náusea, el dolor de espalda o mandíbula, o una fatiga tremenda. Con frecuencia se confunden con gastritis, gripe, ansiedad o "el cansancio de siempre", y eso retrasa la atención justo cuando cada minuto cuenta.

¿Qué hacer si sospechas un infarto —tuyo o de alguien más? Llama al 911 de inmediato. No esperes "a ver si se pasa", no manejes tú mismo al hospital si puedes evitarlo, no te automediques y esperes horas. En el infarto, el músculo del corazón se pierde minuto a minuto: mientras más rápido llegas, más corazón se salva. Es infinitamente mejor una falsa alarma que un aviso ignorado.


Una idea para llevar

Ser joven no es un escudo; a veces es solo una venda en los ojos. La buena noticia es que casi todo lo que empuja un infarto a los 40 se puede revisar y reducir: deja de fumar, mídete la presión aunque te sientas bien, cuida tu peso y tu azúcar, checa tu colesterol —y pregunta al menos una vez por la Lp(a)—, y conoce la historia de tu familia. Ninguna de esas cosas te "cura" ni te blinda, pero todas juntas mueven la balanza de tu riesgo hacia el lado correcto.

Y si un día algo en tu pecho no se siente bien, no lo negocies con "estoy muy joven para esto". Escúchalo. Llama al 911. Preferiría mil veces verte en urgencias por una falsa alarma que no verte a tiempo.

Cuídate. Nos leemos en quince días.

Dr. Diego Araiza Garaygordobil Cardiólogo


Este contenido es informativo y educativo; no sustituye la consulta médica ni la atención de urgencias. Ante una sospecha de infarto, llama de inmediato al 911.

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